Desde hace años se habla del poder de la música tanto en el desarrollo infantil como en la sanación. Así, es utilizada en terapias alternativas desde reiki hasta el canto armónico. Naturalmente, los sonidos son inherentes al alma, al espíritu humano, desde el acompasado beso de las olas en la orilla del mar, hasta el estruendo horroroso de un terremoto (como el vivido en Concepción, Chile en febrero de 2010). Crecemos con sonidos, crecemos con la agradable voz de quien nos cuida y todo lo que absorbamos en nuestra mente (recordando en esta frase a la querida Maria Montessori) quedará grabado en las conexiones neuronales desde antes de nacer.
Por eso se señala la importancia de estimular a nuestros hijos con sonidos agradables cuando se encuentran en el vientre materno, establecemos una comunicación con ellos que se hace única, tanto mediante la voz de la madre como de sonidos o música. No se trata de estimular para lograr niños genios o personitas superdesarrolladas intelectualmente. Solo deseamos que nuestro bebe se desarrolle armonicamente en especial, en lo emocional. Eso es lo fundamental. La armonía pasa por mantener un embarazo tranquilo, con dedicación a la vida que llevamos dentro, con respeto por ella y con la responsabilidad que implica el ser padres.
Hablale a la "panzita" , acércate a la música agradable, ALEJATE de cosas que no contribuyan a la maravilla que es la vida. Según Masaru Emoto (japonés, 1943) las palabras, las oraciones, pensamientos y sonidos dirigidos hacia un volumen de agua, contribuye en distintas medidas a la modificación de los cristales que se forman una vez que el agua es congelada. Esto es posible apreciar una vez fotografiados estos cristales. Aunque la apreciación entre "formas bellas" y "formas distorsionadas" de las fotografias obtenidas de esos cristales puede variar según el observador, lo cierto es que esta teoría no deja de tener sentido cuando sumamos la creencia en el poder de la oración, los mantras, la musicoterapia.
Un niño armonioso es un niño feliz.